Esta silla es fuerte, noble, tiene muchos muchos años pero, al igual que su propietaria, no se rinde y sigue sujetando el peso que haga falta para dar soporte a quien en ella confíe. Renovarse o morir, ese fue nuestro lema para darle un toque atrevido y un aire más actual. Si Florencia (la dueña) es una mujer de 83 años valiente, guerrera, con las ideas claras y estilo propio, una mujer de otra época rebosante de personalidad, su silla no podía ser menos. ¡A la vida hay que ponerle más lunares y menos joyas!